Receta Socrática de la Mala Vida
¿Qué es lo que hace a un hombre feliz? ¿Puede ser más feliz un futbolista que un programador? Como sabemos desde tiempos inmemoriales, es importante mantener un equilibrio saludable para poder florecer como individuos.
Sócrates fue filósofo nacido en la Antigua Grecia. Padre de gran parte de la filosofía antigua, también abarcó el tema que nos concierne el día de hoy.
Sócrates analizaba todo lo que lo rodeaba y, especialmente en Grecia, se observaba muy de cerca al senado, a los gobernantes. Xenofón era otro filósofo, escribió Memorabilia, en la que describió los intereses de Sócrates como puramente prácticos.
Si una habilidad no era de utilidad para la sociedad, si no tenía un ergo (propósito), no tenía relevancia su estudio, con un pasaje en el que menciona que la geometría solamente debería perseguirse hasta la utilidad de medir una parcela de tierra que se va a comprar. Esta actitud pragmática permeaba a su filosofía, en la que describe las artes de un caballero como aquellas que sirven más a la sociedad. Las artes que no permiten al hombre ser libre, confinan al hombre a talleres y reduce los intereses del hombre a sí mismo.
Los gobernantes son descritos como aquellos que manejan su vida en excelencia y pueden manejar la vida de otros. También menciona que el que gobierna es más feliz, tiene mejor vida que el gobernado. Pero ¿es más feliz porque es gobernante o es gobernante porque es más feliz? No tiene por qué ser una relación unidireccional, pues si el hombre más justo, activo, que mejor maneja su vida es el que llega al poder, el poder no le da esas características.
Platón, el discipulo más famoso de Sócrates, construyó sobre las ideas de su maestro para dar un nuevo giro a la maestría de las artes. Platón creó una idea del mundo de las ideas o de las formas, un mundo elemental en el que se encuentra la realidad en su esencia, de donde salen las ideas.
Entonces, Platón dividía el mundo. Al analizar a los gobernantes, Platón vio que no solo se requería una gran habilidad en el mundo de las ideas, no solo se debía de ser un gran filósofo, si no también hábil en el mundo material, físico.
De ahí surge una distinción epistemológica que ahora acuña tantos términos de nuestro día a día.
El primer término, es el de las ideas. La maestría del mundo de las ideas es llamada episteme. Yo a esto lo llamo maestría teórica, pues es todo lo perfecto.
El segundo término, es el mundo físico. La maestría que no se explica con ideas o palabras. Es llamada techne, que en la actualidad es técnica, lo llamaremos práctica, lo perfectible.
Aunque ambos, maestro y discípulo, tenían visiones diferentes del dominio de las artes, concuerdan con una máxima: la falta de movimiento es la receta para una mala vida.
Sócrates ponía técnicas como la agricultura y el manejo de propiedades, junto a las profesiones de la guerra, por encima de la alfarería. Tener una visión más amplia del mundo te permite ver por el bien de la sociedad más allá de la persona que mueve el taller, o sea uno mismo.
Sin importar el arte que escojas, más importante aún es dedicarte con diligencia. El movimiento te permite esforzarte y este trabajo te permite aprender qué necesitas saber y recordar lo que aprendes.
En sus discursos en los que propone que el hombre puede volverse injusto, Sócrates menciona un entrenamiento del alma para poder realizar las tareas del alma.
Por lo tanto, la diligencia y el entrenamiento son la receta para la buena vida.